El monocultivo del progreso.

Columna de opinión
/ Javiera Sáez

Un profundo sentimiento de tristeza invade mi corazón cuando veo el paisaje de mi provincia. Veo cerros con hileras interminables de pinos y eucaliptos; “el monocultivo del progreso” con el cual solo conseguimos secar los suelos, empobrecer la tierra y disminuir la tan preciada biodiversidad, la misma que antes desbordaba colores y sonidos, en donde antes crecían: peumos, boldos, maitenes y arrayanes. Hoy solo veo desolación.

Es como si hubiéramos olvidado la importancia de la vida, una red de vida que todo lo sostiene; insectos que polinizan, hongos que regeneran el suelo, olvidamos que los árboles nativos retienen el agua y que las aves dispersan las semillas. Y hacemos la vista gorda a la destrucción de nuestro ecosistema por el malaventurado progreso.

Es labor de todos nosotros transmitir este mensaje, concientizar a la población de como el “monocultivo del progreso” impacta a la comunidad, la disponibilidad de agua potable y para el riego. Debemos recordares que los incendios no son casualidad, sino provocados por la sequias. El agua que antes era un bien compartido, hoy se ha vuelto escasa. Ya que este cambio no solo altera el paisaje, sino también la forma de vida y la economía de las comunidades rurales que históricamente han cuidado estas tierras.

Nuestro mensaje debe ser fuerte y claro.

Recuperar la biodiversidad, es recuperar nuestra identidad, cada bosque nativo que conservamos es una promesa de vida para nuestras generaciones venideras.

Cuidar la biodiversidad es protegernos a nosotros mismos, ya que, sin vida no hay agua y sin agua no hay futuro.